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Camino a Higüey

  • Año: 2016
  • Duración: 01h 10m
  • Documental
  • +TP
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SINOPSIS

Camino a Higüey es un emotivo documental sobre la Fe. Un documental de personajes entrañables. Y es, por sobre todas las cosas, una película de seres humanos que aman a Jesús y a la Madre, esta vez encarnada en la imagen de la Virgen de la Altagracia, Patrona de la República Dominicana y por ende, protectora de su pueblo. Las personas que transitan por Camino a Higüey son, ante todo, profundamente sinceros, y muy cercanos. Son parte de un acto de amor supremo que sólo el sentimiento hacia el Santísimo puede conseguir. La veneración está expresada a través de un camino, real y a su vez metafórico. Sobre piedras, asfalto, ríos y lomas, entonando cánticos a Dios y a la Virgen, los peregrinos cuentan y dan fe de hechos trascendentales en sus vidas hasta llegar a la basílica de la Altagracia, en la Ciudad de Higüey. Pero “el camino” es también urbano, pues hay personajes que exponen sus testimonios en sus casas, en la Ciudad de Santo Domingo. Así se narra la historia de Leonor y Leónidas, dos ancianos sumamente afectuosos que, cobijados por la Virgen se han mantenido unidos durante 53 años. Y en contraposición, la de una pareja joven; Carlos y Helen que aportan, en la persona de Carlos, la mirada que hace de la religión alguien que la cuestiona, pero que ha sido capaz de casarse por la Iglesia por amor y que admira, profundamente, la fuerza que irradia de la fe. A estos personajes se suman, desde el inicio, Yajaira y su madre Aurora. Ellas representan el profundo sentir de los más popular y genuino del dominicano humilde, que desde su barrio de Guachupita, avanzan hasta Higüey, superando kilómetros, para agradecer a la Virgen el haber mantenido a la hija de Yahaira, de seis años de edad, con vida, a pesar de padecer una compleja enfermedad del corazón que suponía que sólo viviera seis meses. La emoción, la cercanía y la pasión por la fe que sostienen estos personajes, incluyendo las breves, pero intensas apariciones de Annellyz, la niña, son de un alto nivel de humanidad. También están los testimonios de dos extranjeros; un taiwanés, Yuan, y una española, Remei. Ambos narran interesantes experiencias de su condición de creyentes aunque desde diferentes perspectivas; la de Yuan, que cruza el puente desde creencias asiáticas como el taoísmo, hacia la necesidad de amar a Jesús y a la Virgen. Y la de Remei, que con una particular visión de su fe católica, ruega por la necesidad imperiosa de la unión familiar. A la par de intenso, aunque por caminos más íntimos, se expone el conflicto de Don Milo y Elena. Se relata aquí, la historia de un campesino de Bayaguana, que maltrecho por los achaques de la edad, debe pasar la bandera del relevo como Comisario de la Hermandad de los Toreros de Higüey a su hija, para que sea ella quien lidere el traslado de la donación de toretes y novillos hasta el punto en que los recibe otro Comisario, para después ser guiados hasta la Basílica. La emoción está a flor de piel en la entrañable relación filial, sellada por un incuestionable acto de amor y de fe católica. Pero las historias contadas por todos estos protagonistas no son expuestas desde una propuesta lineal, sino que se entrelazan, aportando sinergias insospechadas, relacionando sentimientos y vidas que atraviesan culturas, clases sociales y transmiten sensaciones que quedarán en el alma del espectador. Camino Higüey es un documental de fe, pero es también una obra artística realizada desde el empeño de ofrecer una mirada de esperanza y amor, algo de lo que está, siempre, muy necesitada la humanidad.


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